viernes, 30 de agosto de 2019

Reseña: Once Upon a Time in Hollywood


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Imagen propiedad de Sony Pictures. 





Reseña: Once Upon a Time in Hollywood

Director: Quentin Tarantino
Año: 2019
Género: Comedia
Duración: 160 min.
Clasificación: B-15

Por Cristhian Ponce

ADVERTENCIA: La siguiente reseña contiene spoilers. 

Como en los cuentos de hadas, Tarantino comienza su noveno filme con imágenes en 16:9, en blanco y negro, en lo que bien podría ser una serie western tan emblemática como lo fuera Bonanza en los 60´s. Seguido, vemos como el protagonista de dicha serie, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt), son entrevistados acerca de su trabajo, en una especie de capsula introductoria que nos recuerda a una era que ya no está más… o eso parece en un inicio.

Tarantino nos cuenta las peripecias de un actor y su doble de acción durante 1969, enfrentándose a una industria que no se encontraba en su mejor momento. A su vez, el par de amigos se percatará de que tienen a nuevos vecinos, que resultan ser nada más y nada menos que Roman Polanski y Sharon Tate.  

Es importante mencionar que la cinta desarrolla su trama dando por entendido que el público conoce el contexto en el cual gira la trama de la película, y que el desconocimiento de dicho panorama podría afectar de manera negativa la experiencia de la película. Es importante decir entonces, que en 1969 el cine hollywodense se encontraba en una etapa de renovación dado a un pique en su modelo de producción, que se veía rezagado por la propuesta proveniente de países extranjeros. La televisión estaba teniendo cada vez mayor rentabilidad, por lo que muchos tuvieron que emigrar del cine a hacer series. Hay que decirlo: no fue el mejor momento para Hollywood.
Además de ello, Estados Unidos (y el mundo) se veían enfrentados a la llamada Revolución Sexual, donde miles de personas comenzaron a desaparecer tabúes acerca de sus sexualidades. Aunado a ello, el movimiento hippie se encontraba en su momento álgido, recordando que ese año tuvo lugar el concierto Woodstock. Una era donde el amor y la paz eran la consigna, y donde la experimentación con múltiple sustancias, religiones y filosofías de muchas partes del planeta que le daban a una generación motivos para creer en un mundo mejor.

Pero la oscuridad estaba a punto de surgir de las profundidades. El cine en Hollywood estaba a punto de entrar en una etapa de maduración donde los temas se volverían aún más oscuros, contraponiéndose con esa mirada un tanto infantil sobre el sueño americano. El movimiento hippie se bañaría en sangre cuando un número de jóvenes (en su mayoría mujeres) cometieran una serie de asesinatos bajo la influencia de Charles Manson, escudándose en muchos de los ideales que apenas años antes eran solo amor y paz.

¿Por qué mencionar todo esto? Porque la cinta carece de una contextualización, y porque sería imposible entender las alegorías que establece a partir de ese contexto pasado con el contexto actual. Dejando de lado sus guiones godardianos (donde se hacen juegos espacio-temporales en la narrativa), en esta ocasión el director apuesta por un guion más truffautiano (donde suceden cosas sin importar un hilo narrativo, tratando de caer en lo anecdótico y causal), permitiendo que la cinta se centre en ser un retrato de la época y no en el desarrollo de personajes per-se (aunque evidentemente tienen un crecimiento).

Esa estructura permite establecer momentos que no tienen otra intención que dibujar a un Hollywood, que hace un paralelo con el actual. La cinta nos cuenta cómo es que los directores extranjeros eran quienes tomaban la batuta (¿recuerdan que directores dominan Hollywood actualmente?), los cineastas optaban por hacer series de televisión (¿Netflix?), y rodeados de una generación que quiere corregir a la sociedad en lo que a veces pareciera una compaación entre los hippies y los millenials.
Mucho se ha dicho acerca de que Tarantino hace una carta de amor a una época en concreto, pero gracias a pequeños detalles podemos intuir que en realidad pretendía hacer una crítica contemporánea. Y entre la pretensión y el ser hay diferencias, ya que dicha crítica es mas bien entendida entre líneas y no arrojada de una manera directa y contundente. 

Ejemplos como la escena en que Cliff Booth ve pasar a una joven chica hippie cruzar la calle mientras escuchamos “Mrs. Robinson” de Simon and Garfunkel es un guiño que nos habla de cómo se percibían las relaciones entre personas de edades dispares en la época, haciendo alusión a la cinta The Graduate, que saliera ese año. De igual manera, podemos ver como esa chica es cosificada de manera sensual frente a la cámara, coquetendo con el personaje de Brad Pitt, para revelarnos después que es menor de edad, seguido de la negativa de la Pitt por evitar ir a la cárcel. Es a través de esos pequeños guiños que Tarantino va entretejiendo situaciones que ejemplifican como el mundo del cine termina siendo un reflejo del mundo real.

La escena en Spahn Ranch es otro ejemplo de los paralelos. En la escena, podemos ver como el lugar está ocupado por la Familia Manson. Al llegar Cliff Booth, todos se ponen en alerta y las chicas (que se cuentan docenas) actúan como protectoras que parecen querer estallar en violencia en cuanto las cosas se tornen mal. Una vez pasado el momento de tensión, Booth se percata que le han ponchado una llanta al vehículo que conduce, a lo que un hippie sentado en una cerca comienza a reírse. Booth no duda en golpearlo de manera violenta, por lo que las chicas que antes se mostraban como monstruos al acecho, ahora se comportan compasivas ante el hombre ensangrentado. Es así como Tarantino plasma a la juventud de final de los 60’s como una generación voluble que se rige por contradicciones respecto a su doble moral. Una generación que es capaz de hacer lo que se le ordene.

Por ello, el que veamos como los estudios de Hollywood obliguen al personaje de Leo DiCaprio a vestirse como hippie en un western no es más que otra manera de representar como los estudios se ajusta a las modas o tendencias generacionales, aún cuando en el fondo no les importa demasiado su manera de pensar. En ese sentido, la presencia del personaje de Al Pacino apadrinando a Rick Dalton, nos ayuda a entender que para poder triunfar en una industria como Hollywood necesitas tener a alguien influyente de tu lado (cof, cof, Harvey Weinstein). La actuación de DiCaprio (llena de matices) también nos ayuda a comprender la crisis de un gremio que lucha por la aceptación y la vigencia, pero plasmándolo como un problema que se percibe infantil.

La presencia de Sharon Tate (Margot Robbie) funge como un leitmotiv que nos recuerda que se respiraba una luz e inocencia en el ambiente. Una manera de representar el espíritu de la época, a la vez de recordarnos (al tener presente el destino de la actriz en el mundo real) que todo puede tornarse oscuro en cualquier momento. No es de extrañar que cualquier referencia a la Familia Manson también resulte en una especie de amenaza para el espíritu feel-good que está presente durante casi todo el film.

Esa es la razón por la que el final de la cinta resulta tan memorable. Rompiendo el espíritu creado durante el metraje, los últimos momentos son una explosión de violencia donde el destino de Sharon Tate es salvado por los personajes de DiCaprio y Pitt. Momentos antes de entrar a la casa de estos personajes, los asesinos que pretendían momentos antes asesinar a Tate y compañia, deciden matar a quienes les han “enseñado a matar”. Al cambiar el destino de los personajes y mostrar una situación que se percibe tan imaginativa y exagerada, el director hace, ante todo, un recordatorio a la audiencia: el cine imita a la realidad, y la vida real no es como en las películas de Hollywood. Al cambiar el final de los hechos, Tarantino hace (intencional o involuntariamente) alusión al hecho de que los sucesos de ese día cambiaron al cine. Los finales donde los buenos se salvan y los malos obtienen su merecido se murieron en 1969 para dar paso a una etapa mas oscura con películas como Jaws (1975), The Exorcist (1973), Taxi Driver (1976), The Godfather (1972), etc.  Al salvar a Tate, Tarantino nos recuerda que por más que queramos voltear la mirada, el mundo se ha vuelto (o siempre ha sido) un lugar violento. Es por ello que esta película es quizá la menos sangrienta y violenta del director, evidenciando que los sucesos de esa noche marcaron a toda una generación. Hollywood no podía ocultar que el mundo era un lugar oscuro.


A pesar de sus grandes ideas y el riesgo de cambiar su estructura, es evidente que la película solo será disfrutada por quienes conozcan el contexto y dejará afuera a aquellos que lo desconozcan. En sus riesgos, también sopesa el hecho de no siempre acertar en el ritmo en que se establecen los acontecimientos. Aun así, Once Upon a Time in Hollywwood es quizá la mejor película del director desde Unglorious Basterds (2008), y quizá la propuesta más arriesgada y propositiva de su carrera desde Pulp Fiction (1994), aunque lejos de la redondez de sus anteriores obras. Todo lo mostrado en la cinta es una clara alusión a las cosas que le aquejan al director, las cosas que lo marcaron y su manera de entender a una industria y al contexto actual.



jueves, 16 de mayo de 2019

Reseña: Cómprame un Revolver

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Imagen propiedad de Cinépolis Distribución. 



Reseña: Cómprame un Revolver

Año: 2019
Director: Julio Hernández Cordón
País: México
Duración: 90 minutos
Clasificación: B-15

Por Cristhian Ponce

     En el panorama actual, hay muchas conductas que están siendo revaluadas por la sociedad. Movimientos activistas liderados por ambientalistas, feministas o la comunidad LGBTQ nos han enseñado que hemos tomado muchas conductas nocivas que por décadas muchos no cuestionamos y que de alguna manera u otra nos afectaban, operando casi como un fantasma invisible.

     En Cómprame un Revolver del director Julio Hernández Cordón, vemos la historia de una niña que nos narra sus vivencias junto a su padre, un hombre drogadicto dedicado a cuidar un campo de béisbol al norte de México en un tiempo incierto, donde el narcotráfico ya la violencia son un ente que domina el lugar con supremacía y normalidad para los personajes.

     Es precisamente la palabra normalidad, o en este caso, normalización, lo que permite entender el mundo construido por Julio Hernández Cordón. En el contexto planteado por la película, vemos como niños tienen que lidiar con la idea de que pueden ser robados en cualquier minuto, ser mutilados o incluso prepararse para escapar en dado caso de ser raptados. Es precisamente esa normalidad con la que miran el asunto lo que nos deja inquietos.

     Los narcotraficantes de la película (hombres en su totalidad) visten chalecos antibalas, pantalón y vestidos de flores. En un asunto de contraposición, se nos muestra un mundo donde muchas conductas se han asumido con normalidad, siendo nocivas o no. Es decir, a través de estos pequeños detalles y la mirada infantil de la protagonista iremos siendo testigos de cómo asumimos con normalidad los cambios del mundo.

     Una escena clave para entender esto es ese plano cenital con el que vemos a la protagonista rodearse de cadáveres representados a través de dibujos. La violencia se caricaturiza, nos distanciamos de su efecto devastador. O bien, en una banda llegando a una fiesta mientras uno de los narcotraficantes lanza balas al aire. La violencia se vuelve una celebración.

     Cómprame un Revolver es un relato de un futuro que no se ve tan distante, que se diluye casi con el presente, para revelarnos el efecto cultural y devastador de normalizar a la violencia. Del mundo en el que los niños actualmente crecen, asumiendo la destrucción, la sangre y la devastación como si se tratasen de un juego.

     Las distopías se plantean un futuro desolador para confrontarnos con nuestro presente. En este caso, Cómprame un Revolver es un relato que nos cuestiona sobre los usos culturales que hemos adoptado y sus consecuencias respecto al mundo que le dejamos a las nuevas generaciones. Si los niños y niñas asumen el mundo en el que viven como si se tratase de un juego, valdría entonces preguntarnos ¿A que juegan las niñas y niños?



domingo, 30 de diciembre de 2018

TOP 28: Mejores Películas 2018

TOP 28: Mejores Películas 2018

Por Cristhian Ponce
El cine es quizá la mejor manera en la que podemos ver representada al tiempo. No nos referimos a la elipsis o a algún recurso narrativo en especial, sino a aquellas cosas que se plasman dentro de las películas, aquellas que nos marcan tanto a nosotros, así como a una generación.

     Es así, como ya es tradición, te presentamos una lista con lo que – a criterio personal- considero son las mejores películas de este 2018.


28. Early Man, de Nick Park
     Aardman Studios no solo termina por confirmar que es el estudio más importante de animación stop-motion en el mundo, sino que además logra confeccionar mensajes de crítica político-social de manera divertida con esta representación de la final del mundial de fútbol México 86, tiempo después de culminada la Guerra de las Malvinas. ¿Coincidencia?
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27. Black Panther, de Ryan Coogler
     Ryan Coogler nos presenta la que probablemete sea la mejor película del Universo Marvel. El mayor elogio es el desarrollo de un villano con motivaciones con las que podemos empatizar. Un desarrollo de personaje que nos recuerda al Hamlet de Shakespeare. Si hay algo criticable, sin duda es que esto es lo mínimo que deberíamos esperar de una película de este tipo. 
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26. Museo, de Alonso Ruizpalacios
     El director actualiza el discurso propuesto en su anterior cinta (Güeros) y nos entrega una cinta que si bien no es perfecta (y que pide a gritos reconozcamos su fanatismo por Godard), acierta mucho en arriesgar.
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25. A Star is Born, de Bradley Cooper
     Bradley Cooper es director y actor protagonista de esta película en donde comparte escenario con Lady Gaga. El acierto radica en que la historia coincida mucho con la historia personal de Gaga, haciendo que las emociones se perciban más naturales (pese a su rosa desarrollo). Las canciones escritas por la cantante sin duda la harán acreedora de diferentes premios.
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24. Lady Bird, de Greta Gerwig
     La rota ilusión del sueño americano encarnado en una película coming of age. Una película que sufrió el peso de su sobredimensión. Sin embargo, la gracia con la que Gerwig describe esa paso a la adultez (casi reflejando a la sociedad norteamericana) aunado a la excelente actuación de Saiorse Ronan valen dichos elogios.
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23. The Shape of Water, de Guillermo del Toro
     Una de las películas mas celebradas del mexicano, pero lejos de lo propuesto en El Laberinto del Fauno y El Espinazo del Diablo. No obstante, Del Toro presenta una habilidad como director (así como una atención al detalle) que se disfrutan de principio a fin. No su mejor filme, pero quizá el de mejor manufactura.
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22. You Were Never Really Here, de Lynne Ramsay
     La directora nos presenta la historia de un hombre que salva a una niña de una red de prostitución. A simple vista pareciera el planteamiento de Taxi Driver, pero la directora hace gala de su particular estilo para diseccionar el impacto corrosivo de una sociedad corrompida.
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21. The House That Jack Built, de Lars Von Trier
     El que alguna vez fuese declarado Persona non grata en el Festival de Cannes, vuelve no solo al festival, sino también a provocar a las audiencias. Y si, también su tono aleccionador. La película es en sí una declaración de principios acerca de cómo el director ve a la sociedad. Y será que lo cuenta bien o mal, pero cuando menos la discusión de algunos temas resulta bastante pertinente.
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20. First Reformed, de Paul Schrader
     El escritor de Taxi Driver parece muy poco dispuesto a olvidar a Travis Brickle, por lo que en esta “actualización” nos presenta la vida de un reverendo acomplejado que se debate en su fe y problemas ambientales. Una actualización que se percibe un tanto forzada pero que no por ello deja de resultar interesante de discutir.
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19. Sorry to Bother You, de Boots Riley
     La influencia de Get Out y el estilo satírico de Jordan Peele se ve claramente en Sorry to Bother You. En esta ocasión, veremos como diversos problemas de la vida laboral estadounidense se abordan con humor y un toque un tanto surrealista (y pretencioso).
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18. BlacKKKlansman, de Spike Lee
     El director vuelve con la que quizá es su mejor cinta desde Do The Right Thing. La historia de un agente negro que se infiltra al Klu Klux Klan es el punto de arranque para una película que recuerda el poder e impacto de la representación cinematográfica. El mejor ejemplo es ver como lo integrantes del KKK celebran al ver la película Birth of a Nation de D.W. Griffith. Situación que nos gustaría fuese ficción, pero no lo es.
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17. The Incredibles 2, de Brad Bird
     La secuela de una de las cintas más amadas de Pixar toma como a protagonista a Elasti-Girl, dejando que Mr. Incredible se encargue de los queaceres del hogar. Una cinta que rompe con moldes de género de manera orgánica y que nos recuerda que los actos heroicos están en los grandes esfuerzos de quienes nos rodean.
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16. Isle of Dogs, de Wes Anderson
     Después de The Grand Budapest Hotel, el director nos trae esta cinta animada que habla las barreras sociales de una manera simpática y graciosa, al más puro estilo de Anderson.
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15. Call Me by Your Name, de Luca Guadagnino
     Una película en donde la condición sexual no es la problemática. Aquí la única complicación es el dolor que conlleva el primer amor. Quizá esa idealización es lo que dota a este filme de fuerza, ya que deseamos que esa mirada deje de ser una utopía.
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14. Leave no Trace, de Debra Granik
     Vivir al margen del sistema económico social no solo corresponde a cuestiones ideológicas, sino a necesidades humanas. La manera en que Debra Granik retrata la relación de un padre y su hija que viven en un bosque, así como su acercamiento a la sociedad, nos demuestran que las estructuras sociales a veces no están hechas para todos.
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13. Visages Villages, de Agnés Varda y JR
     De manera bella, Varda y JR nos llevan a un recorrido por diferentes lugares para conocer a sus habitantes. Será ahí donde se harán retratos que se pegaran en las paredes, conociendo de paso que los lugares están construidos de personas, de recuerdos.

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12. Teatro de Guerra, de Lola Arias
     En esta película, la directora confronta a hombres sobrevivientes que estuvieron al frente de la Guerra de las Malvinas. Soldados que recrearan en un set de filmación cruentos sucesos vividos. Si bien Joshua Oppenhaimer hizo un experimento similar en The Act of Killing, el tratamiento de la directora logra una conexión mucho más empática con los involucrados, incluyendo al espectador.
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11. Mandy, de Panos Cosmatos
     Al puro estilo del black metal, el director nos trae una cinta donde un hombre tendrá que vengar el asesinato de su novia en manos de una secta religiosa. Las imágenes son un claro homenaje a álbumes de bandas como Burzum o Dimmu Borgir, recordando que los actos de rebeldía corresponden a la violencia ocasionada por la imposición.
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10. The Ballad of Buster Scruggs, de Joel y Ethan Coen
     Los Coen están de vuelta, y en esta ocasión nos traen una película dividida en capítulos donde veremos como diversos personajes del viejo oeste tendrán que enfrentarse a la ley del mas fuerte, así como al cruento paso de la muerte. Es ese humor con el que tratan el tema lo que nos recuerda lo efímera que es la vida, la brutalidad con la que el ser humano se abre paso por el mundo, y eso nos arranca carcajadas sinceras.
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9. The Florida Project, de Sean Baker
     A través de la mirada de las niñas y niños protagonistas, vemos derrumbarse la ilusión del llamado sueño americano. Es esa inocencia la que protege a estos niños de la desilusión y crueldad del mundo.
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8. Eight Grade, de Bo Burnham
     El retrato de una niña que crece en la desconexión generacional que viven las actuales generaciones y sus padres, es también el retrato de la soledad que vivimos como seres humanos en diferentes etapas de nuestras vidas. El duro paso a la maduración es un recorrido continuo e inacabable.
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7. Hasta los Dientes, de Alberto Arnaud
     No solo es la denuncia de la injusta muerte de dos jóvenes en manos del ejército mexicano. Arnaud confecciona una historia de horror y suspenso que no duda en dejarle helada la sangre a nadie. El saber que es el retrato de una realidad vivida solo sirve para hacer el discurso aún más aterrador.
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6. Ready Player One, de Steven Spielberg
     Probablemente el más grande “guilty pleasure” de muchos cinéfilos este año. Sin embargo, mas que ser un placer culpable, vale la pena reconocer que Spielberg conoce la razón por la que muchas personas vemos películas: escapar de la realidad. Además de ello, el director también le recuerda a Hollywood que si se trata de entretener, hay que hacerlo bien.
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5. Three Billboards Outside Ebbing Missouri, de Martin McDonaugh
     El retrato de un Estados Unidos fracturado. Injusticia y juicio sobre las víctimas. Los actos rebeldes adquieren otra dimensión en este “western” contemporáneo. Además, dejar cuestionamientos puntuales acerca de la conducta social para ser resueltos por la audiencia es también un recordatorio del poder subversivo del cine.
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4. La Casa Lobo, de Cristobal León y Joaquín Cociña
     Esta película de animación stop-motion es a su vez, una película ficticia creada por un grupo dedicado a la explotación infantil que en verdad existió. A manera de un cuento de hadas horrífico, la cinta nos cuenta como un grupo de niños fue abusado de múltiples maneras en un campo de concentración durante el periodo de Augusto Pinochet en Chile. Un recordatorio del impacto del cine. Un recordatorio del poder de la representación.
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3. Zama, de Lucrecia Martel
     La directora de Una Mujer sin Cabeza vuelve a subir la apuesta. En esta ocasión, nos trae las desventuras de Don Diego de Zama, un hombre que durante la estancia española en Paraguay. Es a su vez el retrato de un hombre que no pertenece a ningún lado, que se encuentra como un pez a la orilla del mar. Lucrecia Martel es una autora que demuestra que para hacer cine se tienen muchos recursos tanto visuales como audiovisuales. La manera en la que nos hace empatizar con su protagonista a partir del sonido y la imagen son de lo mejor que hemos visto en años. Una autora que quizá será mejor apreciada por generaciones futuras.
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2. Cold War, de Pawel Pawlikowski
     El director polaco vuelve después de su anterior cinta, Ida (2013). Ahora trae consigo el retrato de una pareja que no lucha por quererse, pero que no puede estar junta. La frialdad con la que Pawlikowski retrata esta relación, así como el contexto en el que se desarrolla, nos ponen a pensar sobre esa concepción utópica que tenemos sobre el amor… y sobre el mundo. Casarse en un mundo en ruinas es quizá el mejor ejemplo de ello.
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1. Roma, de Alfonso Cuarón
     La mejor película del Alfonso Cuarón revienta con una aguja fina la burbuja del clascismo en nuestro país. Con la añoranza que mira a su pasado nos recuerda que hay cosas que preferiríamos siguieran ahí. Si bien, en ocasiones el cineasta parece más preocupado porque notemos sus referentes (desde Amarcord, La Strada u 8 ½ de Fellini, o El Limpiabotas y El Ladrón de Bicicletas, de Vittorio de Sica). Eso no demerita la que quizá es la película más redonda del año. Un ejercicio estilístico que es, además, la cinta que más ha logrado provocar debates acerca de su contenido.  
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martes, 6 de noviembre de 2018

Week-End, o la manera en que Godard protesto con su cámara.

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Imagen propiedad de Gamount Film Company. Todos los derechos reservados.

Week-End, o la manera en que Godard protesto con su cámara.


            
La llamada Nueva Ola Francesa de cine que surgiera en la década de 1950 en Francia es probablemente uno de los actos de rebeldía más importantes que han surgido a través de la pantalla grande. Esta ola de cineastas trajo consigo una serie de cambios estéticos y técnicos a un panorama fílmico global, mismo que se veía dominado por una estructura marcada por un colorido y optimista Hollywood que repetía una formula basada en el glamur, narrativa con inicio, nudo y desenlace, grandes sets de grabación y personajes que superaban sus tragedias en la gran mayoría de los casos. Es evidente que el cine norteamericano de dicha época no engloba la visión de todos aquellos que vivieron en la época, sobre todo con contextos políticos, sociales y culturales tan diversos.


            Jean Luc-Godard es probablemente el cineasta más icónico surgido de la llamada Nouvelle Vague.   Desde el inicio de su carrera se atrevió a romper con cuantas reglas estructurales se permitió. Por citar ejemplos,  en Vivir su Vida (1962) vemos como se le niega al espectador la posibilidad de ver el rostro de la protagonista, misma que vemos de espalda y voltea su rostro hasta pasados algunos minutos, así también en Banda Aparte (1964) vemos una escena completamente sin sonido cuando los protagonistas deciden guardar un minuto de silencio. Godard trataba en cada ocasión de romper la ilusión onírica que provoca el cine al no seguir las reglas convencionales del cine y así poder recordarle al espectador que se encuentra viendo una película. Esto más que un capricho intelectual es una declaración de principios, una manera de contestarle a una industria predominante y decirle: no estoy dispuesto a seguir tus reglas, ni tu ideología. Al romper con las convenciones del lenguaje del cine, Godard hace visible una postura ideológica y política de oposición.  A través de la ruptura hace un acto de protesta.

            Es en Week-End (1967) donde posiblemente Godard explota su rebeldía estética de manera mucho más contundente. Partiendo desde el inicio de la cinta, se plantea una acalorada conversación entre un matrimonio burgués del que solo veremos sus siluetas en una habitación con poca luz. Ambos tienen relaciones extramaritales, y también ambos planean matar al amante de su cónyuge. No obstante su problemática, la pareja tendrá que ir a la casa del padre de ella, esto para asegurar quedarse con la herencia que este podría dejarle. En su camino, se toparan con un embotellamiento en carretera. La gente se insulta a diestra y siniestra, ya sea por sonar claxon o por el vehículo en el que conducen. Durante algunos minutos desconocemos la causa del embotellamiento, pero conforme el coche de la pareja avanza notaremos que personas de diferentes clases sociales discuten entre sí, aunado a múltiples accidentes automovilísticos que se van sucediendo por la carretera.

            Godard plantea dos cosas importantes en estas secuencias: el egoísmo de las clases sociales más privilegiadas y el caos desatado a través de la diferencia de clases. Es aquí donde el rompimiento de convenciones estéticas de Godard ayuda en la construcción de su discurso. El hecho de que el director dote a las situaciones de una naturaleza fantástica nos ayuda a romper con la ilusión del celuloide, mismo discurso que se refuerza al mostrarnos a una sociedad en conflicto. Es decir, el director nos dice de manera irónica que la estructura social ha colapsado.

            El cineasta culmina su cinta con el rapto de la pareja protagonista por parte de un grupo de revolucionarios hippies que se hacen llamar Frente de Liberación Sena y Oise, mismos que además practican el canibalismo. Esta es una declaración de principios anarquistas por parte del autor, mismo que revela a un grupo de personas que no siguen regla social alguna más que la supervivencia. De nueva cuenta, su estilo estético y narrativo está al servicio del mensaje, ya que esto es en sí una alegoría (cargada de ironía) acerca de los movimientos estudiantiles y políticos que se sucedían en Francia al momento de realizar la película.



            Week-End es una declaración de principios ideológicos que nos ayudan a comprender el sentimiento de una generación que terminaría por revelarse en el llamado Mayo Francés en 1968, exigiendo cambios políticos asociados a posturas anarquistas, comunistas y socialistas, y que a su vez, sufrió represiones por parte del estado francés. Todo un suceso que amerita una revisión profunda. Si bien, lo que plasma el cineasta se refiere a la situación de Francia en aquella época, es también un reflejo del espíritu generacional que impero en diversas partes del planeta (incluyendo México, donde se vivieron protestas estudiantiles en varias partes del país, culminando en la Matanza de Tlatelolco). Quizá por ello esta cinta de Godard adquiera mayor relevancia al entender su contexto, ya que al plasmar los sucesos de una época de manera ficcionada y fantástica, aunado al constante recordatorio de que estamos viendo una película, nos conducen a un análisis acerca de la problemática social suscitada en el momento (y quizá en la actualidad). Lo planteado por el director es un acto contestatario que plantea a la deconstrucción de la ficción como punto de comparación y contraste para entender nuestra realidad inmediata. Una bomba molotov en forma de montaje cinematográfico.