![]() |
| Imagen propiedad de MGM.
Reseña: Robocop
Año: 1987
Director: Paul Verhoeven
Género: Acción/Ciencia Ficción
Duración: 1h 43m
Por Chan Ponce
Le ética y el orden social establecido son dos cosas
muy diferentes. Encontrar sus puntos en común no es tarea sencilla, pero
valdría la pena preguntarnos: -¿Hasta dónde se nos es permitido manipular a un
cuerpo humano?; ¿Es válido golpear y matar indiscriminadamente a criminales
mientras la ley lo permita?-
Ambas preguntas parecen estar fuera de lugar una con
la otra, pero en una sociedad que se deja manipular por el discurso hegemónico ofrecido
por los medios masivos de comunicación y el sistema político económico en el
que nos encontramos, quizá ambos cuestionamientos no se encuentren tan
desligados después de todo.
En Robocop (1987) del director francés Paul Verhoeven, podemos ver como el
oficial Murphy (Peter Weller) es sometido a una explotación quirúrgica que lo
convertirá en un oficial de policía humanoide que utilizará sus ventajas
robóticas (tanto de programación como físicas) al servicio de un corporativo
dispuesto a quedarse con la concesión para combatir el crimen en un distópico
Detroit, en el que diferentes empresarios se disputan dicha plaza justiciera
como si de una franquicia se tratase. Por un lado, vemos como los
cuestionamientos éticos acerca de la privación de humanidad a un agente de la
justicia parecen no estar presentes para los empresarios, sino que el único
riesgo valido es el de perder o ganar capital financiero.
No solo vemos como los policías (los de carne y hueso,
pues) están al borde de una huelga y siendo asesinados diariamente en las
calles, sino que vemos que su trato a los criminales es primero a base de
violencia que de racionamiento. La película ya nos retrata un escenario donde
la justicia ha fallado y se ha convertido en un escenario caotico, pero que
además, se ve amenazado por la sustitución robótica del personal humano en pro
de los intereses capitalistas y fascistas de la sociedad de consumo
norteamericana (fácilmente replicada en diferentes países).
Los noticieros que vemos no solo hablan de la
violencia como un ente cotidiano, sino que además, la consumimos y compramos
mientras vemos la televisión. Las pausas comerciales dentro de la película nos
muestran a una familia jugando un juego de mesa llamado “Nukem” (traducible
como “Bombardear”) en el que una familia tiene una reunión donde los bombardeos
a medio oriente son cosa de diversión (recordemos que la Guerra del Golfo
Pérsico estaba a nada de estallar), o como el miedo se utiliza en otro
comercial donde un dinosaurio persigue a una familia para vendernos un automóvil.
El miedo nos hace consumidores, la violencia nos genera diversión. Dicho de paso, la manera en que Verhoeven
entrecruza la transmisión de televisión con la acción de la trama de la
película (sumado a los puntos de vista de RoboCop, que asemejan a una
videocámara de vigilancia) termina por germinar en una construcción
cinematográfica que fusiona formatos que nos hacen pensarnos como esos
consumidores de violencia a los que se dirigen los productos de los comerciales…
y la película en cuestión.
Su discurso retórico en clave de película de acción badass no es más que un caballo de Troya para cuestionar como la
justicia en un sistema capitalista no es más que una ilusión que, construida
deliberadamente, constutuirá un régimen fascista al servicio de los poderosos. RoboCop es pues, de alguna manera, un
hijo prodigo entre Aldous Huxley y George Orwell al más puro estilo de Mad
Max (1979) y Terminator (1984).
Caballo de Troya porque en su capa de blockbuster veraniego (que nada
tiene de malo, dicho sea de paso) se esconde en sus fisuras cuestionamientos
bastante pertinentes que dependerá del espectador poder identificar. Cuando
vemos como algunos policías obedecen ciegamente a la orden de traicionar a RoboCop mientras que otros tanto se lo
cuestionan, o en el ver que el protagonista de la historia no puede desobedecer
los principios con los que fue programado (obedecer la ley o no arrestar a
nadie del corporativo, por ejemplo) son en sí, puntos que nos hacen
cuestionarnos si el factor humano sea nuestra única salvación cuando las leyes
y/o el stablishment comprometan la
ética que nos da dignidad humana.
Ver que enormes máquinas de matar no pueden bajar unas
simples escaleras o ver como la atención de la criminalidad se centra solo en
criminales de poca monta que se hacen más poderosos para servir a los intereses
empresariales (siendo más peligrosos los de cuello
blanco) solo resalta el absurdo de un mundo planteado como lejano, pero que
se visibiliza tan presente que nos aterra solo de verlo.
El realce de la premisa de Verhoeven se torna aún más
interesante cuando vemos que RoboCop
solo puede cumplir con su objetivo de justicia cuando las cosas se sujetan a
los requisitos con los que fue programado. Al final (sin spoilers, claro está),
se nos muestra que Murphy a.k.a RoboCop cumple
su objetivo sin que los empresarios enfrenten a la justicia realmente. La
manera en que se nos muestra tal suceso, dibujando en el protagonista la figura
de un héroe de acción norteamericano nos confronta como espectadores: ¿Somos capaces
de pensar y cuestionar lo que se nos muestra en pantalla o solo responderemos
en relación a como hemos sido programados? La diferencia a la interrogante se
encuentra, quizá, en como recibimos a la película: como consumidores programados
o como seres humanos.
|
viernes, 31 de julio de 2020
Reseña: Robocop (1987)
viernes, 30 de agosto de 2019
Reseña: Once Upon a Time in Hollywood
| Imagen propiedad de Sony Pictures. |
Reseña: Once Upon a Time in Hollywood
Director: Quentin Tarantino
Año: 2019
Género: Comedia
Duración: 160 min.
Clasificación: B-15
Por Cristhian Ponce
ADVERTENCIA: La siguiente reseña contiene spoilers.
ADVERTENCIA: La siguiente reseña contiene spoilers.
Como en los cuentos de hadas, Tarantino comienza su noveno filme
con imágenes en 16:9, en blanco y negro, en lo que bien podría ser una serie western tan emblemática como lo fuera Bonanza en los 60´s. Seguido, vemos como
el protagonista de dicha serie, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y su doble de
acción Cliff Booth (Brad Pitt), son entrevistados acerca de su trabajo, en una
especie de capsula introductoria que nos recuerda a una era que ya no está más…
o eso parece en un inicio.
Tarantino nos cuenta las peripecias de un actor y su doble de
acción durante 1969, enfrentándose a una industria que no se encontraba en su
mejor momento. A su vez, el par de amigos se percatará de que tienen a nuevos
vecinos, que resultan ser nada más y nada menos que Roman Polanski y Sharon
Tate.
Es importante mencionar que la cinta desarrolla su trama dando
por entendido que el público conoce el contexto en el cual gira la trama de la
película, y que el desconocimiento de dicho panorama podría afectar de manera
negativa la experiencia de la película. Es importante decir entonces, que en
1969 el cine hollywodense se encontraba
en una etapa de renovación dado a un pique en su modelo de producción, que se
veía rezagado por la propuesta proveniente de países extranjeros. La televisión
estaba teniendo cada vez mayor rentabilidad, por lo que muchos tuvieron que
emigrar del cine a hacer series. Hay que decirlo: no fue el mejor momento para
Hollywood.
Además de ello, Estados Unidos (y el mundo) se veían enfrentados
a la llamada Revolución Sexual, donde
miles de personas comenzaron a desaparecer tabúes acerca de sus sexualidades.
Aunado a ello, el movimiento hippie
se encontraba en su momento álgido, recordando que ese año tuvo lugar el
concierto Woodstock. Una era donde el
amor y la paz eran la consigna, y donde la experimentación con múltiple
sustancias, religiones y filosofías de muchas partes del planeta que le daban a
una generación motivos para creer en un mundo mejor.
Pero la oscuridad estaba a punto de surgir de las profundidades.
El cine en Hollywood estaba a punto de entrar en una etapa de maduración donde
los temas se volverían aún más oscuros, contraponiéndose con esa mirada un
tanto infantil sobre el sueño americano. El movimiento hippie se bañaría en sangre cuando un número de jóvenes (en su
mayoría mujeres) cometieran una serie de asesinatos bajo la influencia de
Charles Manson, escudándose en muchos de los ideales que apenas años antes eran
solo amor y paz.
¿Por qué mencionar todo esto? Porque la cinta carece de una
contextualización, y porque sería imposible entender las alegorías que
establece a partir de ese contexto pasado con el contexto actual. Dejando de
lado sus guiones godardianos (donde
se hacen juegos espacio-temporales en la narrativa), en esta ocasión el
director apuesta por un guion más truffautiano
(donde suceden cosas sin importar un hilo narrativo, tratando de caer en lo
anecdótico y causal), permitiendo que la cinta se centre en ser un retrato de
la época y no en el desarrollo de personajes per-se (aunque evidentemente tienen un crecimiento).
Esa estructura permite establecer momentos que no tienen otra
intención que dibujar a un Hollywood, que hace un paralelo con el actual. La
cinta nos cuenta cómo es que los directores extranjeros eran quienes tomaban la
batuta (¿recuerdan que directores dominan Hollywood actualmente?), los
cineastas optaban por hacer series de televisión (¿Netflix?), y rodeados de una
generación que quiere corregir a la sociedad en lo que a veces pareciera una
compaación entre los hippies y los millenials.
Mucho se ha dicho acerca de que Tarantino hace una carta de amor
a una época en concreto, pero gracias a pequeños detalles podemos intuir que en
realidad pretendía hacer una crítica contemporánea. Y entre la pretensión y el
ser hay diferencias, ya que dicha crítica es mas bien entendida entre líneas y no arrojada de una manera directa y contundente.
Ejemplos como la escena en que Cliff Booth ve pasar a una joven
chica hippie cruzar la calle mientras
escuchamos “Mrs. Robinson” de Simon
and Garfunkel es un guiño que nos habla de cómo se percibían las relaciones
entre personas de edades dispares en la época, haciendo alusión a la cinta The Graduate, que saliera ese año. De
igual manera, podemos ver como esa chica es cosificada de manera sensual frente
a la cámara, coquetendo con el personaje de Brad Pitt, para revelarnos después
que es menor de edad, seguido de la negativa de la Pitt por evitar ir a la cárcel.
Es a través de esos pequeños guiños que Tarantino va entretejiendo situaciones
que ejemplifican como el mundo del cine termina siendo un reflejo del mundo
real.
La escena en Spahn Ranch
es otro ejemplo de los paralelos. En la escena, podemos ver como el lugar está
ocupado por la Familia Manson. Al
llegar Cliff Booth, todos se ponen en alerta
y las chicas (que se cuentan docenas) actúan como protectoras que parecen
querer estallar en violencia en cuanto las cosas se tornen mal. Una vez pasado
el momento de tensión, Booth se percata que le han ponchado una llanta al
vehículo que conduce, a lo que un hippie sentado
en una cerca comienza a reírse. Booth no duda en golpearlo de manera violenta,
por lo que las chicas que antes se mostraban como monstruos al acecho, ahora se
comportan compasivas ante el hombre ensangrentado. Es así como Tarantino plasma
a la juventud de final de los 60’s como una generación voluble que se rige por
contradicciones respecto a su doble moral. Una generación que es capaz de hacer
lo que se le ordene.
Por ello, el que veamos como los estudios de Hollywood obliguen
al personaje de Leo DiCaprio a vestirse como hippie en un western no
es más que otra manera de representar como los estudios se ajusta a las modas o
tendencias generacionales, aún cuando en el fondo no les importa demasiado su
manera de pensar. En ese sentido, la presencia del personaje de Al Pacino
apadrinando a Rick Dalton, nos ayuda a entender que para poder triunfar en una
industria como Hollywood necesitas tener a alguien influyente de tu lado (cof,
cof, Harvey Weinstein). La actuación de DiCaprio (llena de matices) también nos
ayuda a comprender la crisis de un gremio que lucha por la aceptación y la
vigencia, pero plasmándolo como un problema que se percibe infantil.
La presencia de Sharon Tate (Margot Robbie) funge como un leitmotiv que nos recuerda que se
respiraba una luz e inocencia en el ambiente. Una manera de representar el
espíritu de la época, a la vez de recordarnos (al tener presente el destino de
la actriz en el mundo real) que todo puede tornarse oscuro en cualquier
momento. No es de extrañar que cualquier referencia a la Familia Manson también resulte en una especie de amenaza para el
espíritu feel-good que está presente
durante casi todo el film.
Esa es la razón por la que el final de la cinta resulta tan
memorable. Rompiendo el espíritu creado durante el metraje, los últimos
momentos son una explosión de violencia donde el destino de Sharon Tate es
salvado por los personajes de DiCaprio y Pitt. Momentos antes de entrar a la
casa de estos personajes, los asesinos que pretendían momentos antes asesinar a
Tate y compañia, deciden matar a quienes les han “enseñado a matar”. Al cambiar
el destino de los personajes y mostrar una situación que se percibe tan
imaginativa y exagerada, el director hace, ante todo, un recordatorio a la
audiencia: el cine imita a la realidad, y la vida real no es como en las
películas de Hollywood. Al cambiar el final de los hechos, Tarantino hace
(intencional o involuntariamente) alusión al hecho de que los sucesos de ese
día cambiaron al cine. Los finales donde los buenos se salvan y los malos
obtienen su merecido se murieron en 1969 para dar paso a una etapa mas oscura
con películas como Jaws (1975), The Exorcist (1973), Taxi Driver (1976), The Godfather (1972), etc. Al
salvar a Tate, Tarantino nos recuerda que por más que queramos voltear la
mirada, el mundo se ha vuelto (o siempre ha sido) un lugar violento. Es por
ello que esta película es quizá la menos sangrienta y violenta del director,
evidenciando que los sucesos de esa noche marcaron a toda una generación.
Hollywood no podía ocultar que el mundo era un lugar oscuro.
A pesar de sus grandes ideas y el riesgo de cambiar su estructura,
es evidente que la película solo será disfrutada por quienes conozcan el
contexto y dejará afuera a aquellos que lo desconozcan. En sus riesgos, también
sopesa el hecho de no siempre acertar en el ritmo en que se establecen los
acontecimientos. Aun así, Once Upon a
Time in Hollywwood es quizá la mejor película del director desde Unglorious Basterds (2008), y quizá la
propuesta más arriesgada y propositiva de su carrera desde Pulp Fiction (1994), aunque lejos de la redondez de sus anteriores obras. Todo lo mostrado en la cinta es una clara alusión a las cosas que le aquejan al director, las cosas que lo marcaron y su manera de entender a una industria y al contexto actual.
jueves, 16 de mayo de 2019
Reseña: Cómprame un Revolver
![]() |
| Imagen propiedad de Cinépolis Distribución. |
Reseña: Cómprame un Revolver
Año: 2019
Director: Julio Hernández Cordón
País: México
Duración: 90 minutos
Clasificación: B-15
Por Cristhian Ponce
En el panorama actual,
hay muchas conductas que están siendo revaluadas por la sociedad. Movimientos
activistas liderados por ambientalistas, feministas o la comunidad LGBTQ nos
han enseñado que hemos tomado muchas conductas nocivas que por décadas muchos
no cuestionamos y que de alguna manera u otra nos afectaban, operando casi como
un fantasma invisible.
En Cómprame un Revolver del director Julio
Hernández Cordón, vemos la historia de una niña que nos narra sus vivencias
junto a su padre, un hombre drogadicto dedicado a cuidar un campo de béisbol al
norte de México en un tiempo incierto, donde el narcotráfico ya la violencia
son un ente que domina el lugar con supremacía y normalidad para los personajes.
Es precisamente la palabra
normalidad, o en este caso, normalización, lo que permite entender el mundo construido
por Julio Hernández Cordón. En el contexto planteado por la película, vemos
como niños tienen que lidiar con la idea de que pueden ser robados en cualquier
minuto, ser mutilados o incluso prepararse para escapar en dado caso de ser
raptados. Es precisamente esa normalidad con la que miran el asunto lo que nos
deja inquietos.
Los narcotraficantes de
la película (hombres en su totalidad) visten chalecos antibalas, pantalón y
vestidos de flores. En un asunto de contraposición, se nos muestra un mundo
donde muchas conductas se han asumido con normalidad, siendo nocivas o no. Es
decir, a través de estos pequeños detalles y la mirada infantil de la
protagonista iremos siendo testigos de cómo asumimos con normalidad los cambios
del mundo.
Una escena clave para
entender esto es ese plano cenital con el que vemos a la protagonista rodearse
de cadáveres representados a través de dibujos. La violencia se caricaturiza,
nos distanciamos de su efecto devastador. O bien, en una banda llegando a una
fiesta mientras uno de los narcotraficantes lanza balas al aire. La violencia
se vuelve una celebración.
Cómprame un Revolver es un relato de un futuro que no se ve tan
distante, que se diluye casi con el presente, para revelarnos el efecto
cultural y devastador de normalizar a la violencia. Del mundo en el que los
niños actualmente crecen, asumiendo la destrucción, la sangre y la devastación
como si se tratasen de un juego.
Las distopías se
plantean un futuro desolador para confrontarnos con nuestro presente. En este
caso, Cómprame un Revolver es un
relato que nos cuestiona sobre los usos culturales que hemos adoptado y sus
consecuencias respecto al mundo que le dejamos a las nuevas generaciones. Si
los niños y niñas asumen el mundo en el que viven como si se tratase de un
juego, valdría entonces preguntarnos ¿A que juegan las niñas y niños?
domingo, 30 de diciembre de 2018
TOP 28: Mejores Películas 2018
TOP 28: Mejores Películas 2018
Por Cristhian Ponce
El cine es quizá la mejor manera en
la que podemos ver representada al tiempo. No nos referimos a la elipsis o a
algún recurso narrativo en especial, sino a aquellas cosas que se plasman
dentro de las películas, aquellas que nos marcan tanto a nosotros, así como a
una generación.
Es así, como ya es
tradición, te presentamos una lista con lo que – a criterio personal- considero
son las mejores películas de este 2018.
28. Early Man, de Nick Park
Aardman Studios no solo termina por confirmar que es
el estudio más importante de animación stop-motion en el mundo, sino que además
logra confeccionar mensajes de crítica político-social de manera divertida con
esta representación de la final del mundial de fútbol México 86, tiempo después
de culminada la Guerra de las Malvinas. ¿Coincidencia?

27. Black Panther, de Ryan Coogler
Ryan Coogler nos
presenta la que probablemete sea la mejor película del Universo Marvel. El mayor elogio es el desarrollo de un villano con motivaciones con las que podemos empatizar. Un desarrollo de personaje que nos recuerda al Hamlet de Shakespeare. Si hay
algo criticable, sin duda es que esto es lo mínimo que deberíamos esperar de una
película de este tipo.

26. Museo, de Alonso
Ruizpalacios
El director actualiza
el discurso propuesto en su anterior cinta (Güeros)
y nos entrega una cinta que si bien no es perfecta (y que pide a gritos
reconozcamos su fanatismo por Godard), acierta mucho en arriesgar.

25. A Star is Born, de Bradley Cooper
Bradley Cooper es director y actor protagonista de
esta película en donde comparte escenario con Lady Gaga. El acierto radica en
que la historia coincida mucho con la historia personal de Gaga, haciendo que
las emociones se perciban más naturales (pese a su rosa desarrollo). Las
canciones escritas por la cantante sin duda la harán acreedora de diferentes
premios.

24. Lady Bird, de
Greta Gerwig
La rota ilusión del
sueño americano encarnado en una película coming
of age. Una película que sufrió el peso de su sobredimensión. Sin embargo,
la gracia con la que Gerwig describe esa paso a la adultez (casi reflejando a
la sociedad norteamericana) aunado a la excelente actuación de Saiorse Ronan
valen dichos elogios.

23. The Shape of Water, de
Guillermo del Toro
Una de las películas mas celebradas del mexicano, pero
lejos de lo propuesto en El Laberinto del
Fauno y El Espinazo del Diablo.
No obstante, Del Toro presenta una habilidad como director (así como una
atención al detalle) que se disfrutan de principio a fin. No su mejor filme,
pero quizá el de mejor manufactura.

22. You Were Never Really Here, de Lynne Ramsay
La directora nos presenta la historia de un hombre
que salva a una niña de una red de prostitución. A simple vista pareciera el
planteamiento de Taxi Driver, pero la
directora hace gala de su particular estilo para diseccionar el impacto
corrosivo de una sociedad corrompida.

21. The House That Jack Built, de Lars Von Trier
El que alguna vez fuese declarado Persona non grata en el Festival de
Cannes, vuelve no solo al festival, sino también a provocar a las audiencias. Y
si, también su tono aleccionador. La película es en sí una declaración de
principios acerca de cómo el director ve a la sociedad. Y será que lo cuenta
bien o mal, pero cuando menos la discusión de algunos temas resulta bastante
pertinente.
20. First Reformed, de Paul Schrader
El escritor de Taxi Driver parece muy poco dispuesto a
olvidar a Travis Brickle, por lo que en esta “actualización” nos presenta la
vida de un reverendo acomplejado que se debate en su fe y problemas
ambientales. Una actualización que se percibe un tanto forzada pero que no por
ello deja de resultar interesante de discutir.
19. Sorry to Bother You, de Boots Riley
La influencia de Get
Out y el estilo satírico de Jordan Peele se ve claramente en Sorry to Bother You. En esta ocasión, veremos
como diversos problemas de la vida laboral estadounidense se abordan con humor
y un toque un tanto surrealista (y pretencioso).
18. BlacKKKlansman, de Spike Lee
El director vuelve con
la que quizá es su mejor cinta desde Do
The Right Thing. La historia de un agente negro que se infiltra al Klu Klux
Klan es el punto de arranque para una película que recuerda el poder e impacto
de la representación cinematográfica. El mejor ejemplo es ver como lo
integrantes del KKK celebran al ver la película Birth of a Nation de D.W. Griffith. Situación que nos gustaría
fuese ficción, pero no lo es.

17. The Incredibles 2, de Brad Bird
La secuela de una de
las cintas más amadas de Pixar toma como a protagonista a Elasti-Girl, dejando
que Mr. Incredible se encargue de los queaceres del hogar. Una cinta que rompe
con moldes de género de manera orgánica y que nos recuerda que los actos heroicos
están en los grandes esfuerzos de quienes nos rodean.

16. Isle of Dogs, de Wes Anderson
Después de The
Grand Budapest Hotel, el director nos trae esta cinta animada que habla las
barreras sociales de una manera simpática y graciosa, al más puro estilo de
Anderson.

15. Call Me by Your Name, de Luca Guadagnino
Una película en donde la condición sexual no es la problemática.
Aquí la única complicación es el dolor que conlleva el primer amor. Quizá esa
idealización es lo que dota a este filme de fuerza, ya que deseamos que esa mirada
deje de ser una utopía.

14. Leave no Trace, de
Debra Granik
Vivir al margen del
sistema económico social no solo corresponde a cuestiones ideológicas, sino a
necesidades humanas. La manera en que Debra Granik retrata la relación de un
padre y su hija que viven en un bosque, así como su acercamiento a la sociedad,
nos demuestran que las estructuras sociales a veces no están hechas para todos.

13. Visages Villages, de
Agnés Varda y JR
De manera bella, Varda
y JR nos llevan a un recorrido por diferentes lugares para conocer a sus
habitantes. Será ahí donde se harán retratos que se pegaran en las paredes,
conociendo de paso que los lugares están construidos de personas, de recuerdos.

12. Teatro de Guerra, de
Lola Arias
En esta película, la
directora confronta a hombres sobrevivientes que estuvieron al frente de la
Guerra de las Malvinas. Soldados que recrearan en un set de filmación cruentos
sucesos vividos. Si bien Joshua Oppenhaimer hizo un experimento similar en The Act of Killing, el tratamiento de la
directora logra una conexión mucho más empática con los involucrados,
incluyendo al espectador.

11. Mandy, de Panos
Cosmatos
Al puro estilo del
black metal, el director nos trae una cinta donde un hombre tendrá que vengar
el asesinato de su novia en manos de una secta religiosa. Las imágenes son un
claro homenaje a álbumes de bandas como Burzum
o Dimmu Borgir, recordando que
los actos de rebeldía corresponden a la violencia ocasionada por la imposición.

10. The Ballad of Buster Scruggs, de Joel y Ethan Coen
Los Coen están de vuelta, y en esta ocasión nos
traen una película dividida en capítulos donde veremos como diversos personajes
del viejo oeste tendrán que enfrentarse a la ley del mas fuerte, así como al
cruento paso de la muerte. Es ese humor con el que tratan el tema lo que nos
recuerda lo efímera que es la vida, la brutalidad con la que el ser humano se
abre paso por el mundo, y eso nos arranca carcajadas sinceras.

9. The Florida Project, de Sean Baker
A través de la mirada de las niñas y niños
protagonistas, vemos derrumbarse la ilusión del llamado sueño americano. Es esa
inocencia la que protege a estos niños de la desilusión y crueldad del mundo.

8. Eight Grade, de Bo Burnham
El retrato de una niña
que crece en la desconexión generacional que viven las actuales generaciones y
sus padres, es también el retrato de la soledad que vivimos como seres humanos
en diferentes etapas de nuestras vidas. El duro paso a la maduración es un recorrido
continuo e inacabable.
7. Hasta los Dientes, de
Alberto Arnaud
No solo es la denuncia
de la injusta muerte de dos jóvenes en manos del ejército mexicano. Arnaud
confecciona una historia de horror y suspenso que no duda en dejarle helada la
sangre a nadie. El saber que es el retrato de una realidad vivida solo sirve
para hacer el discurso aún más aterrador.

6. Ready Player One, de Steven Spielberg
Probablemente el más grande “guilty pleasure” de
muchos cinéfilos este año. Sin embargo, mas que ser un placer culpable, vale la
pena reconocer que Spielberg conoce la razón por la que muchas personas vemos
películas: escapar de la realidad. Además de ello, el director también le
recuerda a Hollywood que si se trata de entretener, hay que hacerlo bien.
5. Three Billboards Outside Ebbing Missouri, de Martin McDonaugh
El retrato de un Estados Unidos fracturado. Injusticia
y juicio sobre las víctimas. Los actos rebeldes adquieren otra dimensión en este
“western” contemporáneo. Además, dejar cuestionamientos puntuales acerca de la
conducta social para ser resueltos por la audiencia es también un recordatorio
del poder subversivo del cine.

4. La Casa Lobo, de
Cristobal León y Joaquín Cociña
Esta película de
animación stop-motion es a su vez, una película ficticia creada por un grupo
dedicado a la explotación infantil que en verdad existió. A manera de un cuento
de hadas horrífico, la cinta nos cuenta como un grupo de niños fue abusado de múltiples
maneras en un campo de concentración durante el periodo de Augusto Pinochet en
Chile. Un recordatorio del impacto del cine. Un recordatorio del poder de la
representación.

3. Zama, de Lucrecia
Martel
La directora de Una Mujer sin Cabeza vuelve a subir la
apuesta. En esta ocasión, nos trae las desventuras de Don Diego de Zama, un
hombre que durante la estancia española en Paraguay. Es a su vez el retrato de
un hombre que no pertenece a ningún lado, que se encuentra como un pez a la
orilla del mar. Lucrecia Martel es una autora que demuestra que para hacer cine
se tienen muchos recursos tanto visuales como audiovisuales. La manera en la
que nos hace empatizar con su protagonista a partir del sonido y la imagen son
de lo mejor que hemos visto en años. Una autora que quizá será mejor apreciada
por generaciones futuras.

2. Cold War, de Pawel
Pawlikowski
El director polaco
vuelve después de su anterior cinta, Ida (2013).
Ahora trae consigo el retrato de una pareja que no lucha por quererse, pero que
no puede estar junta. La frialdad con la que Pawlikowski retrata esta relación,
así como el contexto en el que se desarrolla, nos ponen a pensar sobre esa concepción
utópica que tenemos sobre el amor… y sobre el mundo. Casarse en un mundo en
ruinas es quizá el mejor ejemplo de ello.
1. Roma, de Alfonso
Cuarón
La mejor película del
Alfonso Cuarón revienta con una aguja fina la burbuja del clascismo en nuestro
país. Con la añoranza que mira a su pasado nos recuerda que hay cosas que preferiríamos
siguieran ahí. Si bien, en ocasiones el cineasta parece más preocupado porque
notemos sus referentes (desde Amarcord,
La Strada u 8 ½ de Fellini, o El Limpiabotas y El Ladrón de Bicicletas, de Vittorio de Sica). Eso no demerita la
que quizá es la película más redonda del año. Un ejercicio estilístico que es, además,
la cinta que más ha logrado provocar debates acerca de su contenido.

Suscribirse a:
Entradas (Atom)

