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Reseña: Baby: El Aprendíz del Crimen (Baby Driver)
Año: 2017
Director: Edgar Wright
Género: Acción
Duración: 193 min.
Clasificación: B (12 años en adelante).
Por Cristhian Ponce
La
adrenalina es percibida gracias a los latidos del corazón. Como una melodía que
va marcando su ritmo bajo la percusión constante del tambor, de igual manera,
la acción en el cine se va marcando gracias a diversos aspectos primordiales
como lo son el montaje y la música. Un coche a toda velocidad con música a todo
volumen es algo recurrente en el cine de acción norteamericano, al menos hasta verlo al estilo Edgar Wright.
En
Baby Driver, el director de origen británico
nos sumerge en la vida de Baby (Ansel Elgort), un joven conductor que acompaña
a una pandilla de delincuentes en sus diferentes asaltos. La particularidad de
Baby radica en su extraordinaria habilidad al volante, además de que en ningún
momento deja de escuchar música a través de su iPod.
Si algo a
distinguido a Wright desde su opera prima, Shaun
of the Dead (2004), ha sido su sello propio, haciendo alarde de su
particularidad estilo del humor (ironizando y ridiculizando aspectos peculiares
de la sociedad y la vida diaria), así como del constante uso del close-up para
ir marcando el ritmo de la cinta. En esta, su película más hollywoodense hasta
hoy, nos demuestra que tiene un control absoluto sobre aspectos técnicos que
lleva puliendo por más de una década. El sobresaliente ensamble de música y
montaje hacen que la cinta se torne trepidante, atractiva y entretenida, y como
si se tratara de una pista de carreras, el director sabe cuándo pisar el
acelerador y cuando el freno.
La
selección musical nos muestra canciones de artistas como Beck, T.Rex, Commodore o Queen,
misma que va hilada durante la cinta y que se detiene en muy pocos momentos,
como si de una playlist de Spotify se tratara. La música aquí no solo va
dictando el estado anímico de la escena, si no que va marcando el ritmo
narrativo y el tono del filme, esto mismo es lo que la dota de esa frescura tan
anhelada en una época de estrenos veraniegos.
Si algo
podemos señalarle a la película es su planicie temática. La cinta es sin duda
un collage técnico digno de admirarse, sin embargo, la trama evita en todo
momento ahondar en las motivaciones de sus personajes, mismos que conocemos a
través de sus, en ocasiones, breves apariciones en pantalla. El elenco (compuesto
por estrellas como Kevin Spacey, Jammie Foxx y hasta Eiza González) logra dotar
de matices visuales a sus interpretaciones, mas su trabajo se mantiene en la
raya de lo aceptable. A pesar del buen trabajo en los apartados anteriormente
mencionados, la cinta solo se limita a contarnos una historia que no dice
demasiado y que ya se nos ha contado innumerables veces. Situación que va en
retroceso comparándola con las anteriores realizaciones del director, las cuales
trataban de salirse de un molde establecido, o con filmes como Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), que aun
teniendo elementos similares logra tener una profundidad temática por demás sobresaliente.
Baby Driver es un gran ejemplo de lo que
una cinta de entretenimiento puede lograr cuando los elementos con los que se cuenta
son bien utilizados. No obstante, quizá solo sea recordada por su buen manejo estilístico.
Mientras tanto, solo nos queda acelerar a toda velocidad mientras comemos
palomitas y refresco, y disfrutarlo mientras dure.
Califiación:
7.5/10
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